
"Escuchad mi canción: ¡ah, como suena mi flauta! Escuchad mi llamada, mortales todos, y no penséis en lo que os espera en las sombras hacia las que os atrae mi canto de sirena.
Venid, hombres, venid todos; hombres, ratas, venid y síganme a lo terrible, venid criaturas de la oscuridad. No oigáis los gritos de aquellos que han marchado por delante de vosotros, no miréis al borde del abismo hacia donde os lleva los pasos de este baile.
Danzad al son de mi flauta, incluso si vuestros pies están en carne viva y sangrando. Sonreíd conmigo, incluso si es la sonrisa de las calaveras y vuestra piel se despelleja. Reid conmigo, aunque os atragantéis de bilis. Por que todos sois mis marionetas, y os guiaré en una alegre danza.
La alegre danza de la muerte".
" ...Y aunque camines con la sombra del miedo ante tus ojos, y tengas el amargo sabor de la muerte en tu boca, cada día oirás la llamada de tu destino y librarás un combate contra tu destrucción.
Y aunque duermas bajo el ciego manto protector de la noche, y el sabor de la oscuridad sea endulzado por la victoria, el abrazo de la muerte debe ser derrotado cada día y el brillo de la inmortalidad, sólo entonces, crecerá cada día más.
Y aunque ahora yaces en el frío regazo de la tierra, y silenciosamente los gusanos crecen desde tu paladar, la prisión de la carne ayuda a los hongos que se alimentan de una esperanza invisible, inconciente e incierta..."
"...Hoy una nueva era comienza. Será una era de oscuridad y desgarradores llantos. Le hemos dado la espalda a la luz y nos hemos apartado de su vereda y de todo aquello a lo que ella conducía. Los hombres se distancian cada vez más de los Dioses, en busca de las miserables trampas del poder mundano, sacrificándolo todo en el altar de la codicia. Se acabó nuestra infancia. Delante sólo hay una larga, larga noche, una era sin calor ni comodidad..."
"...Para qué necesito ojos para ver, con todo cuanto ya he visto; para qué necesito manos para tocar, ni lengua para dar voz a ese breve e incierto terror de la oscuridad. Maldita sean mi mano y mi corazón, os digo, porque no hacen ningún bien al hombre; sino más bien mal. Y o veo los corazones de todos los hombres, y oigo desaparecer sus latidos uno por uno. Como se aferran a la destrozada ruina de su existencia; tan desesperados están por prolongar su tormento diario, contando la escoria como si fuese oro, hasta que se les acaban las cuentas.
Aquí estoy, caminando con suavidad entre vosotros. Veo t5ranquilamente como se acerca la hora, y os convoco en silencio. Me veis y me reconocéis, y todos los hombres que me conocen terminan sirviéndome. Tus fuerzas te abandonan; lo sientes, tu espada se escapa de tus dedos muertos y cae al suelo. Gritas en silencio, e intentas hablar pero no podrás, porque la hora de las palabras ya ha pasado. Ahora sólo puedes seguirme hacia la oscuridad que en gran placer os espera, como siempre ha hecho hasta ahora..."
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