Mientras caminaba al baño miraba al suelo y pensaba, tendré que hablar en publico; en verdad, para mi no existe otra cosa más repulsiva que el hablar en publico, pienso que no es lo mío.
Entre al baño y mientras orinaba miraba el cielo de este, por alguna razón siempre he preferido pasa a estos que simulan un cubículo, no sé, creo que me hacen sentir más cómodo. Mientras orinaba recordaba un par de incidentes que me han sucedido últimamente y ya más de alguna vez, resulta que después de lavarme las manos suelo cortar algo de papel y secármelas, en veces me dirijo de inmediato a la sala y en el camino, o ya dentro de esta, noto que la cremallera del pantalón se me ha quedado abajo. Otras, cuando tomo micro, ya después de haber subido me comienzo a preguntar -¿qué micro he tomado?- Y tengo que comenzar a ingeniármelas para tratar de ver el reflejo del numero de la micro, en otras que pasen por su lado o en el reflejo de algún vidrio de algún edificio; Creo que en veces me pierdo de mí mismo, es como si me desdoblase y me dirigiese hacia donde se encuentra mi dueña. Lejos, muy lejos de mí.
Cuando salí del baño, sólo podía pensar en qué seria lo que diría, la mayoría de las veces, es como si comenzase a hablar con un buen volumen de voz, que poco a poco se comienza a apagar hasta llegar a un especie de murmullo que sólo yo comprendo; Otras veces y necesito poner un ejemplo para que se entienda, es como si dijese "hola", pero solo se escuchase el "-la", porque el resto de la palabra se queda enjaulada en mi boca con temor a salir.
Entre pensando y pensando, por aquel pasillo que lleva hacia la escalinata con dirección a la casona, recordé que en el bolso andaba trayendo la tercera parte de las obras completas de Jorge Luís Borges, que había comenzado a leer en la micro aquella misma mañana con dirección a la universidad. Recuerdo que lo único que he leído de él es un cuento llamado "la casa de Asterión", que habla del minotauro de la leyenda griega.
Viendo vacía aquellas bancas que jamás lo están, me decidí por sentarme y leer tranquilamente hasta que el tiempo, como siempre, me dijese que era lo que debía hacer a continuación.
Mi instrucción era clara, relatar aquello que observase y bueno, de cierta manera lo haría, pero no me concentraría en relatar lo que observase, pensé, si no en lo que escuchase. Me acerque lento a una banca que se hallaba entre un par de árboles y arbustos, no era algo para perder la calma, me senté en una desde la que podía observar al edificio de donde venia; Deje mi bolso, saque el libro de esté y comencé a perderme en lo que me decía. De alguna manera no me había sentido tan tranquilo desde hace mucho; es cierto, era una mañana fría, pero los delicados rayos del sol matutino que se infiltraban entre las ramas de los árboles, me hacían sentir el poco calor que necesitaba para continuar leyendo. El viento que soplaba desde mi izquierda, hacia que las delicadas ramas de los árboles que sobre mi se posaban, desprendiesen de sí sus hojas, que acariciando mis ideas que brotaban al leer a tan complejo autor, perdiese concentración, obligándome a contemplarles bellas.
En un momento, toda mi concentración se poso en los pies de un alguien, que con cada uno de sus pasos, quebraba lo armonioso de aquel instante; Cerca de donde me hallaba sentado había un senderillo de piedras; que en vez de facilitar o adornar, sólo nos trae dificultades. Usted ha tratado de caminar por un senderillo empinado adornado por piedras en vez de suelo. Inclusó puede llegar a ser algo peligroso.
Después de permanecer por un momento leyendo en aquel pequeño paraíso, me dieron ganas de orinar; es el frió, el frió que me pasaba la cuenta; En la mañana me dijeron: "anda abrigado, para aya arriba es más helado", pero claro, salí tan apurado que con un poco de suerte tome desayuno. Así que comencé a caminar con rumbo al baño otra vez, pensando nuevamente, qué diría, que relatare.
Las horas pasaron, salí del baño, luego tome el mismo camino que ya relate una vez y ví al profesor hablando con el ayudante, ¿quizás de qué, de qué? Me senté donde mismo y continué leyendo el mismo libro, del mismo autor. Ya se acercaba la hora de entrar para relatar lo que habíamos observado, esta palabra me recuerda que una vez le pregunte a mi Hilda: ¿sabes cúal es la diferencia entre observar y mirar? Todo me recuerda a ella, me siento triste, como siempre desde hace mucho. Comencé a arreglar el bolso, guarde el libro y lentamente camine con dirección a la sala de clases. Ahí, ví a uno de mis compañeros y le pregunte -¿ya es hora?- esté no me supo responder, nadie me sirve!!, todos son un montón de ideas y ambisiones inconclusas. me senté frente a esté con una sonrisa cínica; mire mi celular; que para lo único que me sirve es para mirar la hora, y me di cuenta que era hora de entrar. Ya en la sala, tome asiento donde regularmente lo hago, adelante. Lo que más deseaba era ser el primero, para evitarme los nervios y así fue, pero paso. la voz se me empeso a agotar de apoco y todos se rierón de mí cuando el profesor me llamo la atención, me quise refugiar en sus brasos, pero ella estaba demasiado lejos.
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